Por la tarde, otros dos racimos habrían sido extirpados, como los lares de la casa romana después del -su- ocaso. Arriba el cielo, abajo el pasto. Por la noche, ya todos otra vez despiertos, bebieron un gajo a la salud de los difuntos. Se silenció todo. Al amanecer, solo un poco de húmedad y la briza y otras tantas cosas esparcidas como el olor solitario de las chimeneas cerca de los lagos, o el color del abrigo y el paraguas mojado tras la puerta al entrar al sabor de té. Otra vez, por la tarde, los lares, residentes en la tierra -podría decirse-, eran llamados a través del otro gajo y otra noche oscura.
Este es otro recuerdo importante, a propósito, fundamentalmente, de la ética y la importancia de la "noche" y sus libros...
Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo. Si no puedo persuadir a los dioses del cielo, moveré a los de los infiernos. Virgilio.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario