
Dentro de la narración de un pequeño viaje plagado de inconvenientes anecdóticos, en primera persona y con una atmósfera que no pretende ser nada más que el hilo conductor, y unos personajes que apenas se mencionan, puede haber otro - o tantos otros- viaje (s) con distintos narradores, atmósferas y personajes que, sin embargo, no pueden existir al mismo tiempo sino a modo de ficción, como podría señalar, con todo, Borges, pero que, al estar implícitos en el contenido ausente o hálito del trayecto, se transfiguran en Otros del recorrido interno del narrador: Un ego que lo absorbe todo a su paso. Una ficción que se readecúa a cada instante. Un cuento que no puede sino ser real y único, y que por eso, en principio, carece de caminos ocultos o alternos. La realidad se devora a sí misma en un instante, en un lugar, que solo la primera persona puede describir como balbuceo antes de ser tragado otra vez. Solo expulsa trozos. Pero se come todas las ficciones juntas, incluso las que no alcaza a ver, pero que lo alcanzan a él: En el reciente publicado libro "etnografías mínimas", la primera persona ¿debe ser todo?, con sus vaivenes interiores y cuestionamientos instalados. Se supone, creo, que por mínima que sea, toda exploración sabe adónde va, pero desconoce cada instante de su ruta.
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